Tengo la nocion ultimamente de que este espacio en el que vivo es infinitamente pequeño y apretado. No me caben los pensamientos en la cabeza y se me van las ideas, se escapan, no las puedo contener. Me estiro y estan las paredes, me muevo y hay puertas cerradas, que quizas no tienen seguros y solo hay que empujar pero estan ahi, como barreras. Me siento en mi silla -la buena silla que no me da dolor de espalda, como todas las demas- y me conecto a internet, y en el espacio se habre una ventana de 15 pulgadas que me permite mirar a un mundo mas extenso pero tambien mas angosto. El espacio real se abre hacia todos lados, 360 grados de prision, mientras que la ventana del microcosmos al que me asomo se abre infinitamente en un bloque ciego al alrededor.
Como un caballo con la visera que no le deja mirar a los lados, se ve tan lejos el horizonte que no siento la presion del encierro. En cambio aqui, en las barreras de la piel, los horizontes cambian pero los alcances no, siempre lo mismo, las mismas trabas, los mismos problemas una y otra vez, los mismos rostros, las mismas opiniones cerradas ignorantes casadas con su error, que quizas no es tanto error como lo es reliquia de un tiempo que ya paso o que no fue.
Homofobia, racismo, machismo, clasismo, pobreza, culpa, ignorancia, orgullo, drama, prejuicios. Todo me altera y me causa rabia, me da culpa de vivir en un mundo asi y cometer los mismo errores que los demas. Los altero en lo posible pero siempre esta todo mal, erroneo, equivocado, nada nunca tiene 90 grados ni nada nunca es lo que debiera ser. Me deprime la ignorancia y me rio de la fe, esa fe ciega que promete cuentos de hadas al final del arcoiris, cuando no podemos ni siquiera tratarnos como iguales y dejar de lastimarnos. Donde no podemos respetarnos unos a otros -ni yo a ellos ni ellos a mi- porque todos piensan que tienen la ultima verdad, la verdad verdadera, el hilo negro el agua hervida y todas las respuestas.
Salir del macrocosmos para entrar al microcosmos, una comuna de librepensadores que no importa que se contradigan mientras al menos piensen. Me escapo todos los dias, horas y horas seguidas, y de todas maneras he que volver aqui, donde el espacio abierto me aprisiona.
Me hace falta un corcel y una aventura.
Como un caballo con la visera que no le deja mirar a los lados, se ve tan lejos el horizonte que no siento la presion del encierro. En cambio aqui, en las barreras de la piel, los horizontes cambian pero los alcances no, siempre lo mismo, las mismas trabas, los mismos problemas una y otra vez, los mismos rostros, las mismas opiniones cerradas ignorantes casadas con su error, que quizas no es tanto error como lo es reliquia de un tiempo que ya paso o que no fue.
Homofobia, racismo, machismo, clasismo, pobreza, culpa, ignorancia, orgullo, drama, prejuicios. Todo me altera y me causa rabia, me da culpa de vivir en un mundo asi y cometer los mismo errores que los demas. Los altero en lo posible pero siempre esta todo mal, erroneo, equivocado, nada nunca tiene 90 grados ni nada nunca es lo que debiera ser. Me deprime la ignorancia y me rio de la fe, esa fe ciega que promete cuentos de hadas al final del arcoiris, cuando no podemos ni siquiera tratarnos como iguales y dejar de lastimarnos. Donde no podemos respetarnos unos a otros -ni yo a ellos ni ellos a mi- porque todos piensan que tienen la ultima verdad, la verdad verdadera, el hilo negro el agua hervida y todas las respuestas.
Salir del macrocosmos para entrar al microcosmos, una comuna de librepensadores que no importa que se contradigan mientras al menos piensen. Me escapo todos los dias, horas y horas seguidas, y de todas maneras he que volver aqui, donde el espacio abierto me aprisiona.
Me hace falta un corcel y una aventura.
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